TALLER 1
La educación y la ciudadanía: aprendizaje escolar y social
- Coorganización y financiación: Ministerio de Educación de Dinamarca
- La lista con los nombres de los miembros del taller y del moderador se distribuirá durante la Conferencia Internacional de Educación (CIE)
- Autor del documento de debate: Centro Danés de Investigación y Desarrollo para la Educación de Adultos
Videocinta de presentación: Prácticas de la ciudadanía: aprendizaje escolar y social [Citizenship practices: school and social learning] (Ginebra, Suiza)
Resumen: Las distintas facetas del plan de estudios del ciclo de orientación de la enseñanza secundaria en el Cantón de Ginebra presentan a los alumnos los diferentes aspectos de la ciudadanía, en el sentido más lato de la palabra, y les enseñan a tratar sus asuntos cotidianos, así como los problemas con que tienen que enfrentarse dentro y fuera de la escuela. En la videocinta se muestra la manera en que diferentes servicios y personas trataron una solicitud presentada por los alumnos a las autoridades municipales y en que entendieron las diferentes cosas que estaban en juego con esa petición.
TALLER 1 DOCUMENTO DE DEBATEIntroducción
El concepto de ciudadanía y sus implicaciones dependen de la cultura y del contexto. Si bien el propio término tiene que ver con la historia de un concepto democrático occidental, en el fondo se basa en valores mundiales compartidos sobre las formas de "vivir juntos", tal como se expresan en la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Distintas dimensiones y niveles de la ciudadanía
La ciudadanía se ejerce en distintos contextos y posee distintas dimensiones de índole política, social y cultural relacionadas entre sí. La dimensión política de la ciudadanía se define fundamentalmente como un conjunto de derechos y obligaciones constitucionales, y supone también un compromiso activo y un sentido de la responsabilidad para con la sociedad y el bien común. Su dimensión social se funda en la inserción en un contexto sociocultural común y se refiere a las relaciones mutuas entre los miembros de la comunidad y a la forma en que viven juntos. Por su parte, la dimensión cultural remite a la conciencia de poseer un patrimonio cultural común que define a la comunidad con respecto a la sociedad que la rodea.
La ciudadanía también se da en diferentes planos y apunta a ellos: local, nacional, regional y mundial, lo cual alimenta conflictos potenciales para el individuo, debido a la pugna de intereses dentro de las distintas comunidades. Es lo que podría ocurrir, por ejemplo, si una comunidad cultural se opusiera al conjunto de la comunidad política con motivo de la creación de un Estado Nación o de una región política. El desafío de la coexistencia cultural es más patente que nunca. Los problemas comunes de nuestro planeta -el medio ambiente, la guerra, las desigualdades- exigen un espíritu de ciudadanía mundial, pero los obstáculos son numerosos y sólo se pueden salvar si impulsamos el aprendizaje de la convivencia.
- ¿Cómo se puede aprender a manejar los distintos tipos de ciudadanía?
- ¿Cómo se puede aprender a tratar los posibles conflictos entre los distintos contextos, dimensiones y niveles?
- ¿Hay grupos excluidos de la participación en la comunidad, ya se trate del plano local, nacional, internacional o mundial?
- ¿Cómo se puede contrarrestar la posible marginación?
- ¿Cómo se puede respaldar una conciencia global que destaque, por ejemplo, las cuestiones ambientales que si bien se pueden percibir en el plano local, también deben entenderse a escala del planeta?
Responsabilidad de fomentar el civismo o deber de ciudadanía como preocupación individual y colectiva
La motivación para fomentar la democracia y crear un espíritu cívico se ha relacionado a menudo con una esperanza de que se desarrolle el bienestar económico. En las democracias asentadas se considera que la práctica activa del civismo es un concepto y un ideal fundamental del desarrollo social encaminado a "lograr una vida mejor para todos", y que los ciudadanos activos son parte integrante del capital social, cultural y económico de sus comunidades. La educación cívica o, dicho en otros términos, el aprender a vivir juntos, es la piedra angular del fomento del civismo y presenta un interés individual y colectivo a la vez. Individual, porque supone la adquisición de competencias que permiten a cada persona relacionarse adecuadamente con el mundo que la rodea, y colectivo, porque uno de los objetivos de la sociedad es fomentar el civismo y porque éste, a su vez, se plasma en acciones colectivas.
Es sumamente importante destacar que la condición de ciudadano supone la existencia de derechos y obligaciones. Si bien el ciudadano tiene derechos civiles, políticos y sociales, la ciudadanía no se debe entender como un estilo de vida individualista, sino más bien como una manera de vivir juntos en la que cada uno comparte la responsabilidad que todos los demás tienen para con la sociedad. Como ciudadano, uno no puede centrarse exclusivamente en lo que le resulte mejor individualmente, sino que debe tener en cuenta los intereses de la comunidad, es decir, el bien común. Mediante la intervención, la participación y la capacidad para resolver las discrepancias, el civismo es el instrumento que permite comprender mejor los dilemas que entraña el ideal del bien común.
- ¿En qué medida el enseñarnos a vivir juntos es una misión del sistema escolar o una tarea de tipo privado?
- ¿Dónde están los límites que no debe rebasar el sistema escolar -en cuanto instrumento del Estado- a la hora de influir en los educandos?
- ¿Debe haber una coherencia en los objetivos de la educación que fijan el individuo, la familia, la comunidad y el sistema escolar?
- ¿Cómo se puede promover, en los planos internacional y mundial, la responsabilidad de aprender a vivir juntos para que sea aceptada por las comunidades a escala local y nacional?
Aprendizaje de la ciudadanía en el marco de la educación formal, no formal e informal o incidental
El espíritu cívico se crea mediante la adquisición de conocimientos, competen- cias y valores. El aprendizaje tiene lugar en contextos diversos. En función del tipo de sociedad, de la estructura económica y de la cultura, las formas en que los ciudadanos se preparan son muy variadas. Así como en algunas sociedades es el sistema educativo el que se preocupa de enseñar cómo se adquiere una competencia laboral duradera, en otras, ésta se adquiere principalmente en el seno de la familia o de la comunidad local. La adquisición de competencias básicas de lectura, escritura y aritmética se considera parte de las funciones de la escuela, incluso en las zonas donde las posibilidades de alcanzar los ideales son escasas o nulas.
Ahora bien, los conocimientos que constituyen la base de los valores y las actitudes se adquieren de forma más difusa en el contexto de un esquema complejo que comprende las tres formas de educación -formal, no formal e incidental- que se complementan y reflejan mutuamente.
La educación formal tiene lugar en instituciones educativas, está estructurada, se destina a grupos de edad precisamente definidos y conduce a la obtención de un reconocimiento de las competencias y calificaciones en forma de certificado o diploma.
La educación/aprendizaje no formal tiene lugar fuera de las instituciones antes mencionadas, está estructurada y complementa el sistema educativo formal o institucional. Aunque no conduce a la obtención de un diploma oficial, puede desembocar en un reconocimiento de hecho de las competencias y calificaciones adquiridas, por ejemplo en los lugares de trabajo o en los sindicatos. También puede tener lugar en el marco de actividades recreativas (deportivas o musicales), guarderías, cursos nocturnos, asociaciones voluntarias, entre otras.
El aprendizaje informal o incidental es episódico, tiene lugar paralelamente al de carácter formal y no formal, y viene a responder a un plan de estudios no deliberado o subrepticio. Es posible que el educando ni siquiera tenga plena conciencia de estar aprendiendo: se trata de conocimientos tácitos que se adquieren continuamente en el entorno familiar y religioso, en la calle y en el mercado, o gracias a los medios de difusión.
Las posibilidades de aprendizaje de cada uno dependen directamente del marco y los programas de estudios que ofrezcan la escuela y la comunidad. La educación cívica no debería verse como algo aparte que pertenece a los sistemas de educación formal. Tratándose de la capacidad para vivir con los demás, el aprendizaje se arraiga profundamente en la práctica social, en la familia, el lugar de trabajo, asociaciones u otros medios, vale decir, allí donde se dan el aprendizaje no formal e incidental, por contener elementos que propician el civismo a causa de su conexión con la vida cotidiana: puede ser un aprendizaje organizado, deliberado, o un aprendizaje inconsciente. La práctica social aúna los aspectos culturales, sociales y políticos del civismo o la ciudadanía.
La noción de "aprendizaje que abarque todos los aspectos de la vida" refleja una concepción amplia de éste, que una las experiencias y los reconocimientos de la vida cotidiana y el aprendizaje realizado de manera más deliberada. Pone de relieve que el aprendizaje puede revestir cualquier forma y tener lugar en cualquier momento de la vida y engloba, en consecuencia, la noción de aprendizaje a lo largo de toda la vida: los tres tipos de aprendizaje -formal, no formal e informal o incidental- se encuentran así en una relación orgánica recíproca que los hace complementarios. En los sistemas educativos institucionales, el civismo se fomenta mediante programas formales e incidentales así como por medio de la participación democrática en el entorno en que el aprendizaje tiene lugar.
- ¿De qué maneras puede el sistema escolar formal propiciar la responsabilidad y la participación activa de los educandos?
- ¿En qué medios educativos no formales e incidentales pueden fomentarse?
- ¿Cuál es la importancia de los distintos modelos de conducta: compañeros, padres y educadores?
- ¿Fomentan el civismo la cooperación y las redes establecidas entre distintos medios educativos formales e informales?
La práctica de la ciudadanía: incrementar la participación crítica
Aprender la ciudadanía y la democracia en la práctica supone una participación activa, un sentido crítico y una posibilidad real de influir en la situación o de recibir su influencia. Ha quedado demostrado que tanto el medio educativo propicio para que los educandos se expresen y manifiesten sus puntos de vista, como las escuelas y las aulas abiertas en las que impere la cordialidad son esenciales en el sistema educativo formal.
Es fundamental que la práctica de la convivencia esté respaldada por conocimientos de las ciencias humanas y sociales para entender las distintas culturas, tradiciones y sociedades y sacar lecciones de la historia. Esto supone que cada uno se conozca a sí mismo a la luz de su propia cultura e historia y teniendo en cuenta las de los demás. Este tipo de conocimiento influye de manera decisiva en nuestras actitudes y actividades.
La adquisición de competencias y capacidades para la práctica de la ciudadanía interesa, en líneas generales, a todas las disciplinas, puesto que el aprender a vivir juntos es una cuestión que debe considerarse desde todas las facetas de la vida. Las matemáticas, la física, los idiomas y las demás asignaturas nos dan a conocer aspectos de las diferencias entre las culturas y distintas representaciones del mundo. La educación cívica trata cuestiones morales que se plantean en todos los ámbitos de la vida, por lo cual se debe considerar una materia transversal del programa de estudios relacionada con todas las disciplinas en general y con ninguna en particular.
Tanto para el aprendizaje como para la participación, es fundamental que el plan de estudios sea pertinente para los educandos y aproveche y acreciente sus conocimientos y experiencias reales. El contenido de disciplinas como la educación cívica, la historia, la geografía o la biología, entre otras, debe abordar problemas de actualidad, e incluso a veces tabúes, para que los educandos estén en condiciones de afrontar los desafíos que plantean las nuevas exigencias de la sociedad. Tenemos derecho a conocer nuestro propio contexto histórico y cultural -aunque comprenda aspectos sombríos- para tener conciencia de que formamos parte de él y ser capaces de actuar de cara al futuro. Un aprendizaje que se funda en el debate y el análisis, el sentido crítico, la familiaridad con los problemas y la aptitud para resolverlos permitirá a los educandos utilizar su propia creatividad para reducir la distancia que media entre la enseñanza y la vida cotidiana. De ahí que deba replantearse la función de los educadores. Para éstos no es nada fácil mantener intacta su autoridad y, al mismo tiempo, velar por que reine en el aula una atmósfera de apertura y dar acceso a distintas fuentes de conocimiento.
- ¿Cómo se puede incorporar la educación cívica a las asignaturas concretas que se enseñan en la escuela?
- ¿Es necesario prever asignaturas específicas o adoptar un enfoque interdisciplinario particular?
- ¿Qué elementos se deberían incorporar?
- ¿Qué papel debe desempeñar el educador? ¿Qué tipo de autoridad debería ejercer?
- ¿Qué marcos pedagógicos fomentan la comprensión del civismo?
- ¿Qué requisitos debe reunir los materiales pedagógicos?
Cuando se evalúa el aprendizaje de la convivencia deben tomarse en cuenta los aspectos cualitativos
La educación cívica trata de prácticas y actitudes relacionadas con valores humanos comunes como la responsabilidad moral, el evitar la marginación y la exclusión, propiciar la participación y la sostenibilidad. Podría considerarse esencial estar en condiciones de evaluar las prácticas cívicas y las actitudes con respecto a la ciudadanía, la educación cívica y el aprender a vivir juntos. ¿Cómo se pueden medir esos aspectos y cualidades de la educación?
Se necesitan indicadores suplementarios -de índole más cuantitativa- para poder observar la evolución de los métodos pedagógicos, las estrategias de aprendizaje y los contenidos, entre otros. Las preguntas siguientes apuntan a una serie de cuestiones que deberían formar parte de esos indicadores suplementarios para analizar la educación cívica en los distintos sistemas escolares y sociedades.
Es de fundamental importancia insistir en estas y otras cuestiones para evaluar las prácticas y actitudes en materia de civismo y educación cívica, lo cual no es del todo fácil. En efecto, a la hora de comparar distintos sistemas educativos para examinar nuevos medios y marcos pedagógicos, suele predominar un planteamiento cuantitativo, aunque otros, de carácter más cualitativo, también podrían resultar esenciales.
- ¿Cómo, y en qué medida, forma parte integrante de la enseñanza en los distintos niveles una perspectiva global?
- ¿Cómo, y en qué medida, forma parte integrante de la enseñanza en los distintos niveles una dimensión intercultural?
- ¿Cómo, y en qué medida, se practica la participación activa en la educación?
- ¿Cómo, y en qué medida, está presente la responsabilidad moral en las actitudes y prácticas?
- ¿En qué medida el sistema educativo procura deliberadamente impedir la marginación y la exclusión?
- ¿Cómo, y en qué medida, la práctica relacionada con la sostenibilidad forma parte integrante de la educación en los distintos niveles?
Ultima puesta al día: 9-08-2001