|
|
Taller 4 Calidad de la educación y el papel clave de los docentes
|
¡Para mejorar la calidad de los procesos educativos, hacen falta docentes competentes en suficiente cantidad!
Esta evidencia es recordada regularmente por las autoridades políticas, por las asociaciones profesionales, los expertos o las organizaciones internacionales. Los Ministros de Educación, reunidos en la sede de la UNESCO durante la 32a. Conferencia General lo han reafirmado: “Nosotros consideramos indispensable el papel de los docentes como proveedores de conocimientos y de valores, así como de líderes de la comunidad, responsables por el futuro de nuestros jóvenes; nosotros deberíamos hacer todo lo que esté en nuestro poder a fin de apoyarlos y beneficiarnos de sus experiencias.” (Comunicado final de la Mesa Redonda Ministerial, 4 de octubre 2003, traducción no oficial – www.unesco.org).
En la realidad, la situación está lejos de ser satisfactoria. Muchos países sufren una grave penuria de docentes o una falta de docentes calificados en un determinado número de disciplinas. La presencia en el aula de docentes competentes y bien capacitados se enfrenta a menudo con numerosos obstáculos (bajos salarios, estatuto social precario, carga de trabajo pesada, personal pletórico, perspectivas limitadas de evolución profesional, etc.)
Por otro lado, la profesión del docente parece más difícil de ser ejercida. Las aulas reciben alumnos venidos de ambientes socioculturales cada vez más diversificados. Una mejor consideración de las necesidades educativas de los niños implica particularmente un cambio de paradigma que ponga el aprendizaje – y no el acto de enseñar – en el centro del proceso educativo. Sin que desaparezca su función de “proveedor de conocimiento”, el docente es llevado a desempeñar un nuevo papel, más complejo y más exigente. El proceso de aprendizaje requiere interacciones regulares y directas entre educandos y educadores. El buen docente es, cada vez más, el que logra guiar a los alumnos entre el caos de los conocimientos disponibles y mostrarles como utilizar la información y comunicarse. Él debe igualmente favorecer el desarrollo de las competencias sociales y un ambiente escolar que permita a los jóvenes aprender a vivir juntos y a tornarse ciudadanos responsables. Estas son grandes responsabilidades que no pueden ser asumidas sino por profesionales dedicados y con una buena formación.
Los invitamos a intercambiar sus reflexiones y experiencias con referencia a las cuestiones siguientes:
1. ¿Cuáles son los problemas específicos de la educación de los jóvenes entre 12 y 18/20 años y cuáles son las competencias profesionales – nuevas y tradicionales – exigidas de los docentes?
2. Según su experiencia, ¿qué tipo de formación – inicial y en servicio – puede permitir a los docentes enfrentar los nuevos desafíos y mejorar realmente la calidad de la educación?
3. Si Usted dispusiera de todos los poderes y de medios financieros, ¿qué medidas prioritarias tomaría para ayudar a los docentes a cumplir plenamente su misión de educar a los jóvenes?